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Lo que nadie te contó sobre la Laguna de Bacalar

  • Foto del escritor: Eduardo Santos
    Eduardo Santos
  • 18 nov 2025
  • 1 Min. de lectura

(y sus guardianes milenarios)


Por una viajera de 30 años que no puede dejar de volver

Hay lugares que una visita… y hay lugares que te visitan de regreso.

Bacalar es de esos. Una laguna que no solo se mira: se siente. Se respira. Te lee por dentro.

Llegué buscando descanso y terminé encontrando señales. Dicen que es una especie de encanto o hechizo que tiene el lugar.

La brisa parecía llevar mensajes, las aves dibujaban rutas invisibles y el agua… el agua tenía un pulso propio, como si fuera un corazón antiguo que sigue latiendo bajo la superficie.


En MBH Maya Bacalar, he encontrado un refugio donde la naturaleza no lo concibes solo como un paisaje: es una presencia. Aquí el amanecer entra suave, los colores cambian como si alguien los estuviera pintando en tiempo real, y la noche… la noche huele a misterio y mangle.

Caminé por los senderos, me bañé en el muelle al amanecer, abracé un árbol que parecía guardar un secreto, y entendí algo que nunca había escuchado: la laguna tiene guardianes.


Son las aves, los vientos que cambian súbitamente. Las raíces que sostienen la vida en silencio. Y las mujeres que viajamos solas para recordar quiénes somos cuando nadie nos mira.

Si escuchas con cuidado, Bacalar te habla. Y si te abres lo suficiente, te cambia.


Tunel de Selva

 
 
 

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